"No asistía al antro para satisfacer alguna necesidad de venganza, ni porque en sus venas corriera sangre de cabaretera real; no, la razón fundamental era que Adriana -Clavel- guardaba un secreto aún más íntimo que el manoseo de su padre. La grandísima puta, la niña ultrajada deseaba, por encima de todas las cosas, escribir una novela."  


Guillermo Fadanelli, Clarisa ya tiene un muerto.

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