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A las 6 de la tarde
pariste
según la cábala del Dr. Sperelli.


Anoche lo descubrimos
y los ojos se nos llenaron de lágrimas.


Según nosotros, habíamos dado con el momento exacto
en que comenzó la civilización occidental.


Luego nos embriagamos
y nos poseímos.


En el momento post-coital
cuando mi amado sardo hacía más lenta su respiración y
de tanto en tanto tarareaba versos
en algún durmiente idioma extranjero,
mirándolo, pensé en ti.


Novia del hombre,
con tu vestido gris y sucio bajaste de tu burro
como de una calabaza. Tu marido te ofreció su mano
como si fuese cama. Y tú quebraste sandalias de cristal
hasta llegar a tu trono.


El padre te preguntó si lo amabas
y a él también.


Prometida de los hombres, recibe el terror de las palomas
y el olor a caca de oveja
como sacrificio.
Él nunca te poseyó
pero te convirtió en acertijo.


En Los nóveles n° 37

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