El NOISE limeño de la generación del coche-bomba

A inicios de siglo, el Perú era un país sumido en el caos. La omnipresente red de corrupción que había construido Fujimori en sus diez años en el poder se había desmoronado como un castillo de naipes. Luego de que salieran a la luz los vladivideos (como se conocen a las grabaciones caseras con las que el asesor presidencial, Vladimiro Montesinos, documentaba cada uno de sus sobornos a personajes que iban desde directores de prensa escrita, presentadores y gerentes de televisión, hasta congresistas de la bancada opositora), Fujimori concluye el primer año del siglo huido y exiliado en Japón, desde donde había renunciado a su cargo presidencial vía fax. La transición estaba aún por definirse y había que empezar desde cero.

La generación de jóvenes que lo padeció y que tendría que encargarse de reconstruirlo todo, había sufrido además los casi veinte años que duró la guerra interna contra el terrorismo de Sendero Luminoso, que dejaría un saldo de 70 mil muertos y millones de desplazados. Es la generación coche-bomba, (como la denomina Martín Ruiz Roldán en su primera novela) de los apagones de luz y el terror a expresarse libremente en contra de cualquier cosa sin correr peligro de ser acusado (de cualquier lado o bando). Ante este panorama, no es de extrañar que fuera esta generación la que produciría la escena más noise del rock peruano.

Bandas como Rayobac, Las Vacas de Wisconsin o Electro Z, por entonces, anacrónicas y miradas con cierto recelo luego de la fuerte tradición punk, bien posicionada en contra o a favor de algo, que sonó en Lima desde mediados de los 80’s a mediados de los 90’s y que apagó su grito en medio de la apatía y desinterés general de la juventud por los discursos con tintes políticos, hicieron vibrar los altavoces de centros culturales y festivales de música avanzada y escenarios alternativos para un público reducido, a veces no superior a la veintena de personas.

Post-rock, noise o shoegazing, lo cierto es que estas bandas y su “bulla”, coincide con una época sin prácticas esperanzas que imprimió en la generación otro rasgo: en síndrome de la huida. Así, pues, todas estas bandas tuvieron corta vida y se desarticularon cuando sus miembros resultaron trasladándose por separado a destinos tan lejanos como España, Estados Unidos o Suecia. Con el tiempo, se convertirían en bandas de culto y se editarían sus discos post-mortem.

Pero el polvo vuelve a levantarse. Exhumado, Miguel Uza, exlíder de Rayobac, después de un par de tímidas presentaciones a lo largo de ocho años con un material mucho más experimental, aparece este último año en Barcelona tocando sus ocho nuevos temas. Más cercano, influenciado principalmente por el rock ochentero británico, el nuevo pop francés o nouvelle chanson de Dominique A o Françoiz Breut, y por sus clásicos de siempre, que no ocultó en su primer y único disco con Rayobac, como Sonic Youth o My Bloddy Valentine, promete una fórmula peculiar y explosiva, rodeada del misterio de alguien que esperó casi una década para volver a mostrarse, a la que vale la pena seguirle la pista.


Comentarios

  1. Anónimo8/7/10 18:48

    BACÁN!!!! EL VIDEO???

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  2. Un par de canciones tocadas en esa presentacion estan subidas en la web de Miguel Uza:

    http://www.migueluza.com/#/videos-concierto-presentacion-simiostein/

    El tiempo ha pasado. Por eso podremos ver tb videos de otra presentacion que hizo tb en BCN:

    http://www.migueluza.com/#/concierto-en-les-nits-del-patio-cordobes/

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