La Pandilla Interior, de Juan Carlos Méndez

Lima: Ediciones Santo Oficio, 2010.

—Susurra, ohhhhhhhhh musa, las estúpidas aventuras de Charlemagne Tenó. Hijo infame de un padre infame. Valiente caballero sin valor, ni honra, ni destino. Vagabundo de amores y pensamientos. Susurra, ohhhhhhhhhhhhhh, musa. Susurra! ¡Vomita!
—Oye, me estás asustando.
—¿Escuchas?
—¿Qué cosa?
—Repito, ¿escuchas?
—Ni mierda.
—Yo en cambio, lo escucho todo. Mis invocaciones están surtiendo efecto. ¿O será el tacu tacu del almuerzo? ¡No importa! El delirio de los coribantes se está desatando. ¡No nos distraigamos más! Allí están las voces. Se acercan. Se acercan para arañar nuestros sentidos. Allí están, allí están, allí están.
—Ay, mejor me voy.
—Hace muuuuuuuuuuuuito tiempo, en una tierra mooooooooooolto lejana, había un hombre. ¡Qué digo un
hombre! ¡Un animal! ¡Una bestia! Alguien capaz de todo y también de nada. Alguien a quien todos llamaban
Charlemagne... Espera. Antes de seguir necesito. Necesito.
—¿Qué cosa?
—¡Libar!
—¡Ay, tonto!
—Vístete y bajemos: el bar del hotel debe seguir abierto. Mi garganta necesita alivio y mi espíritu, ¡beber!



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