[ELE]: Feliz 2019 ¡Y a enseñar más español!



Soy de los que dan vueltas previas antes de llegar al centro. La seguridad que transmito y que lleva a la gente a tenerme confianza, buscar mi ayuda y seguir mis consejos, aunque lo parezca, no es la que experimentan aquellos que recorren la línea recta; sino la de los que avanzan en espiral: dos formas distintas de enfrentar la vida y de acercarse a un objetivo.

Por un lado, están los que no miran a los costados y siguen un único camino. Por el otro, los que prueban varias rutas, ensayan distintas alternativas, incluso aquellas que el más sensato no recorrería. Yo me considero de este último grupo.

Ninguna opción es mejor que la otra porque son totalmente diferentes.

Tengo una fuerte influencia de Quirón en mi personalidad, el sanador herido, centauro ejemplar que por querer curarse de su enfermedad incurable, se convierte en sabio curandero, maestro de reyes y héroes. Me siento identificado con el relato de la vida de este ser mitológico que no solo representa el arquetipo del médico, sino también del maestro.

Quirón, en la búsqueda por sanarse, estudia y experimenta consigo; y yo siento que a lo largo de mi vida me he comportado como él.

En lo que se refiere a la formación, desde que a los 18 años ingresé a la PUCP, no he dejado de estudiar, siguiendo un recorrido coherente con mis pasiones: las lenguas, la literatura y los intercambios culturales que subyacen en estas. Literatura hispanoamericana en Lima, lenguas y literaturas románicas medievales y modernas en Barcelona y París, italiano, portugués, inglés, francés, catalán, alemán, entre otras lenguas, y docencia del español y e-learning.

Pero quizá la espiral con que interpreto mi recorrido se puede reflejar aún más en mi experiencia profesional.

Por momentos, en un intento de querer experimentarlo todo, o con el deseo de encontrar mi vocación, pero también ensayando posibilidades para descartar, no solamente he viajado y vivido en varios países, sino también he realizado trabajos diversos. Con todos estos puestos, me comprometí, disfruté, pero especialmente aprendí. Aunque lo cierto es que por diversas razones terminé por descartarlos para concentrarme en una constante: la enseñanza de mi lengua materna.

En este vaivén, camino en espiral, un día reconocí el placer que este trabajo me da. Me dejé cautivar, seducir y convencer; y tomé la decisión de no volverme a ir y quedarme.

Aquí retomo la imagen de mi vida como un camino de experimentación, porque al llegar a este punto, instalado de nuevo en Barcelona tras 9 años en París, lo he hecho con la certeza de ser lo que quiero ser y hacer lo siempre he querido, sin temores ante experiencias vitales y profesionales no ensayadas, ya que lo que he logrado en este tránsito en espiral ha sido precisamente probar todo que me pudiese hacer dudar para llegar a donde quería: la espiral de mi recorrido laboral que no tenía otro destino que la enseñanza del español.

Las cosas tienen que cambiar para que continúen iguales, es la idea que propone Tomasi de Lampedusa en su recordado libro El gatopardo. Mis raíces andinas que me hacen creer en un tiempo cíclico en vez de lineal me hacen compartir esta idea; sin embargo yo tentaría una variante para resumir mi trayecto: he sido todos los que he querido ser para ser el que ya era.

Deseo a todos mis contactos de esta red social que este 2019 os reconozcáis realizando lo que queréis hacer y os hace felices; y si no es el caso, os entreguéis a vuestra felicidad que estoy seguro os está llamando con el dedo.


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